JUAN OLIVER / Ricardo García Mira habla a menudo en tercera persona del plural. Es doctor en Psicología por la Universidad de Santiago y desde 1995 profesor de Psicología Social y Ambiental, con acreditación nacional de catedrático de Universidad, en la Universidade de A Coruña (España). Y está tan acostumbrado a trabajar en equipo que a veces se le olvida hablar en singular. Cuando eso le pasa, sin embargo, se le nota que no usa un plural mayestático, sino cooperativo, de equipo, de confluencia. Y eso es lo que, según afirma, quiere llevar al Congreso, porque desde hace unos dias es diputado: diálogo, acuerdos, pactos, respeto por las ideas ajenas. Porque lleva años investigando en grupo y, sobre todo, porque es consciente de que es precisamente ese el mandato ciudadano que ha surgido de las últimas elecciones.

– ¿Qué tal fue el primer pleno, con el bebé de Bescansa, Pablo Iglesias prometiendo la Constitución en lenguaje de signos, el diputado de las rastas…? ¿Y cómo se sintió mirando arriba y viendo los agujeros de bala del 23-F, sentado en los escaños en los que se forjó la democracia?

– Lo que yo viví en ese pleno fueron muchos años de la historia reciente de España. Ese salón de plenos ha sido testigo de muchas cosas y te sientes orgulloso de sentirte parte de un equipo que representa una pluralidad que está en la calle. Y en cuanto a lo primero, pues la verdad es que los que trabajamos en las ciencias sociales y hemos viajado un poco, vemos como algo absolutamente normal que una mujer haga gala de su maternidad en un foro como este. En Islandia, donde es frecuente que las madres lo sean jóvenes, es normal que las alumnas lleven a sus bebés a la universidad.

¿No fue para tanto, entonces?

– Yo lo veo en todas las reuniones a las que voy. Llevar un bebé a una reunión no es un inconveniente, ni una novedad. Cualquier comentario sobre ese tema no hace sino evidenciar lo rancio que es quien lo pronuncia.

– ¿Usted cree una falta de respeto al mandato de los ciudadanos ir con rastas al Congreso?

-Mire, uno puede ir al Congreso con corbata, con rastas, con camiseta de colores, con coleta… Eso no es lo relevante. Lo importante son los valores que comparte y su capacidad para compartir, y para dialogar, para hacer ese ejercicio de representación política que proviene de ese mandato ciudadano.

– Al venir aquí, subiendo a su despacho de la Facultad, me he cruzado con una veintena de estudiantes con rastas, piercings, coletas, pantalones y camisetas rotas… ¿No será que usted está acostumbrado a ver eso todos los días y que por eso no le parece raro, al contrario que a un político profesional? A lo mejor a estas Cortes les viene bien tener un índice tan alto de profesores universitarios, sean del partido que sean.

– Hay un índice alto de universitarios en todas las formaciones. En la mía, Pedro Sánchez y la Comisión Ejecutiva han intentado ofrecer listas de gente muy preparada. Si el PSOE quiere representar a la juventud tiene que comprenderla. Y quienes estamos en la universidad estamos en ese ejercicio continuamente.

– ¿Qué cree que va pasar ahora? ¿Pedro Sánchez formará Gobierno? ¿Habrá otras elecciones?

– Yo soy optimista, como con casi todo en mi vida. Siempre veo el vaso medio lleno. He conocido a mucha gente de todo el arco de izquierda, desde los más moderados a los más radicales. Y creo que Pedro Sánchez está haciendo un gran trabajo que espero fructifique en un acuerdo de las fuerzas progresistas y de cambio. Eso es lo que está pidiendo la ciudadanía. Y lo que no se le puede responder es que los partidos no pueden ejercer el mandato que se les ha dado convocando nuevas elecciones, diciéndole “dame otro mandato, que éste no me vale”. Hay que hablar, dialogar, llegar a acuerdos y a coaliciones…

– Pero en el PSOE  deben ser conscientes de que la ciudadanía les ha dado un serio toque de atención. No digamos ya en Galicia…

– En Galicia el resultado de las elecciones no nos deja en una buena posición, eso es verdad. Pero hemos captado el mensaje rápidamente. Y ahora estamos evaluando cómo responder a las demandas políticas, económicas, sociales, educativas, sanitarias que demanda el electorado.

– Usted es psicólogo y trabaja en psicología social. ¿No tiene tendencia a analizar el Congreso que ve desde su escaño desde ese punto de vista?

– Hay una tendencia inevitable a hacer ese análisis. En el Congreso nos llama mucho la atención el funcionamiento y las relaciones entre los grupos, las cuestiones de identidad e influencia social. Y claro, es imposible que no nos vengan a la mente las teorías que enseñamos en la Universidad, muchas de la cuales tienen que ver con el hecho de que, para que las cosas puedan funcionar, es necesario entender al rival político y ponerse en su piel.

– ¿Y cómo puede usted trasladar sus conocimientos de psicología social al día a día en el Congreso?

– Todos tenemos una obligación en mente: pactar, llegar a acuerdos, formar un Gobierno… Y en las negociaciones hay tensiones. Pero se pueden y se deben reducir limitando la carga que supone pensar que lo que tú  cedes o pierdes lo gana tu adversario. Hay que reducir esa carga de la pérdida y la ganancia personal o partidista pensando en que lo que tú puedes perder lo gana la ciudadanía. A ver si me explico: los planteamientos que un grupo político debe llevar a una negociación deben responder a la demanda social. Si a lo que responden es a una demanda partidista, estás contribuyendo a promover una situación de cierta fraudulencia. Al ciudadano que ha perdido su trabajo, que tiene problemas para ser atendido en la sanidad pública o que le preocupa cómo afectan los recortes a la educación de su hijo, no le importa cuántos grupos hay en el Congreso. Y entiende que esa discusión se hace en términos de beneficio partidario que no se corresponden con el beneficio social, con el bien común ni con el interés general. Al ciudadano le interesan las políticas, no los grupos que hay en el Parlamento. Cualquier negociación tiene que dejar claro que lo que se debate es el beneficio social, la resolución de los problemas sociales.

– Está hablando de Podemos y sus “confluencias”, ¿no?

– Vamos a ver. Se puede instar una modificación del reglamento del Congreso. Y Pedro Sánchez ya ha presentado una iniciativa al respecto. Se puede hacer legal. Pero hoy es ilegal. Si es procedente hacer ese cambio, habrá que evaluarlo, debatirlo…

– ¿Cree que Podemos se equivocó al plantear líneas rojas desde la noche electoral?

– Los ciudadanos sólo entienden de líneas rojas en lo que se refiere a los problemas sociales. La única línea roja que debe existir es la que impide la recuperación de los derechos sociales y económicos de los ciudadanos.

– Usted es un científico con una larga y exitosa carrera investigadora en el ámbito de la psicología social. ¿Qué encaje cree que puede tener en el Congreso? ¿A qué área le gustaría dedicarse?

– Una de mis preocupaciones fundamentales durante los últimos cinco años ha sido la relación entre la investigación y la política. La investigación se financia con fondos públicos que provienen del dinero de los ciudadanos, y éstos tienen derecho a obtener un retorno de esa inversión. La Universidad actual no está enseñando a los investigadores a trabajar con la política, ni la política está promoviendo que el resultado de las investigaciones se convierta en acción política. Tampoco se está promoviendo que los investigadores sociales trabajen de manera interdisciplinar, es decir, junto a sociólogos, economistas, especialistas en ciencia política…

– ¿Y por qué sucede eso?

– Los políticos prefieren trabajar con las, digamos, “ciencias duras”: la estadística, la ingeniería… Son muy poco dados a aprovechar las mal llamadas “ciencias blandas”, y muy proclives a importar modelos de fuera, que a veces funcionan y a veces no. Pero en España hacen falta estudios sociales. Nosotros hemos aprendido mucho de los trabajos que venimos compartiendo con la Unión Europea sobre sostenibilidad e innovación social, porque la UE exige que la financiación de esos estudios tenga un retorno para el ciudadano.

– ¿Cuál ha sido su último trabajo antes de presentarse a las elecciones?

El trabajo sobre Estilos de vida sostenibles y economía verde, un un proyecto en el que he estado implicado desde enero de 2014, como parte de la estrategia europea de Estilos de Vida sostenible en Europa. Nuestro proyecto, patrocinado por la Comisión Europea forma parte de esa estrategia y tenemos una gran responsabilidad. Trabajamos con otras diez universidades europeas, dentro de un consorcio que he estado dirigiendo durante estos dos últimos años. La investigación pretende proporcionar modelos de agentes y modelos micro y macroeconómicos que incorporan explicaciones acerca de cómo la gente se implica en unas u otras iniciativas más sostenibles que constituyen modelos más respetuosos con el entorno, como por ejemplo, la implicación en alternativas de consumo sostenible, alternativas de reciclado de productos para alargarles la vida, pueblos sostenibles, y analizamos las transiciones desde la actualidad hasta el año 2040, identificando las barreras y los factores que pueden promover la activación de cambios hacia estilos de vida más sostenibles.

– ¿Y qué retorno puede tener eso medido en acción política, como usted decía?

– La principal contribución de los psicólogos es que proporcionamos modelos de comportamiento social que sirven de base para visualizar el comportamiento de la sociedad ante la implementación de determinadas políticas sociales. Disponemos de herramientas que permiten evaluar la implicación de la ciudadanía en cuestiones ambientales, de movilidad, contaminación, medio ambiente…

– ¿Podría explicármelo con un ejemplo?

– Claro. En una investigación descubrimos que la implementación de muchas políticas es mucho más efectiva que la aplicación de una sola política específica. Implicar a la gente en el reciclaje de residuos sin implicarle en en el uso del transporte público, en cómo reducir la contaminación, en el respeto al medio ambiente, en la sostenibilidad de las actividades económicas, es mucho menos efectivo. Porque una sola política contribuye mucho menos a crear conciencia colectiva. Le pondré otro ejemplo de otro hallazgo: las políticas que conllevan campañas de alta intensidad al principio son mucho menos efectivas que las que son menos intensas en un principio pero se mantienen de manera sostenida en el tiempo.

– ¿Cree que podrá convencer al Congreso de todo eso? Porque da la impresión de que en España se hace todo lo contrario, salvo excepciones muy contadas.

– Una cosa es debatir sobre una acción política determinada, y otra muy distinta, ejecutarla con expertos y no con los cuatro fontaneros de turno. El Parlamento tiene que ser muy riguroso.

– Hablando de rigor. ¿El Parlamento está actuando con rigor con todo este lío?

– El Partido Popular es el que ha tenido mayor pérdida de todos los que han perdido. Eso está abriendo nuevos caminos. Pedro Sánchez, habiendo perdido menos, ha logrado que la alternativa de Gobierno gire en torno al PSOE. Es una gran responsabilidad porque le toca liderar ese trayecto. La lectura que está haciendo Pedro Sánchez de todo esto es que hay que convencer de que es más lo que nos une que lo que nos separa de otras formaciones.

Pero también sabe que si se repiten elecciones, políticamente hablando, puede considerarse un cadáver.

– A ver, aquí ya hemos sacado pecho todos, vale, ya está. Ahora vamos a lo que nos interesa. ¿Qué es lo que le interesa a los ciudadanos? ¿Debatir sobre el derecho a decidir de Cataluña? Eso preocupa al 47 % de los catalanes, lo que es muy respetable. Mira, en el PSOE no hay miedo a hablar sobre autodeterminación. Este es un tema que se discute en toda Europa. Pero vamos a definir qué significa eso del derecho a la autodeterminación: ¿más competencias, más recaudación de impuestos, un nuevo modelo fiscal, económico, decisiones en materia de política interior, de medio ambiente? ¿De qué tipo de autodeterminación hablamos? Vale, hablemos de eso. Pero a lo que me refiero es que lo más urgente ahora no es la soberanía de Cataluña. Lo que no puede ser es que ese debate nuble la solución a los problemas de las condiciones sociales, laborales, sanitarias, y que sigan empeorando por querer centrarnos en imponer una visión determinada sobre la soberanía de una única comunidad autónoma, hablemos de los problemas globales que afectan a España y a todas sus comunidades singulares, todas ellas históricas.

– ¿Qué le gustaría hacer esta legislatura? ¿Y si le hacen ministro?

– Ja, ja, ja… ¿Qué quiere que le diga? Mire, yo, llegado el caso, estoy dispuesto a colaborar en las tareas donde el partido crea que yo seré más útil.

Bueno, quien dice ministro dice secretario, director general, ya sabe…

– Mi experiencia en el ámbito de la gestión de la investigación, de la docencia, de la política social, de las relaciones con la Unión Europea y sus instituciones está ahí. Y también los resultados de nuestras investigaciones. Esa ha sido nuestra principal preocupación  desde hace años. Y yo estoy dispuesto a poner esa experiencia al servicio de quien la considere necesaria.

[Publicada en Laduda.net]